El cerebro de 0 a 5 y la robótica (parte 1)



Todos los cerebros están preparados para el aprendizaje desde el momento en el que nacen. La función y el desarrollo del cerebro de un niño aumentan muy rápido, desde su primer día en su vientre. Al nacer ya cuenta con millones de células cerebrales (neuronas). Para la edad de 6 años, su cerebro tendrá casi el tamaño del de un adulto. Las conexiones del cerebro se van fortaleciendo poco a poco con la experiencia. Las conexiones del cerebro se llaman sinapsis, con las experiencias cotidianas se forman miles de ellas. Las sinapsis son indispensables porque transmiten los impulsos cerebrales que controlan las funciones del cuerpo, el pensamiento, los sentimientos, el aprendizaje, la memoria y el lenguaje. Cuando un niño tiene un juguete nuevo, lo estudia con mucha energía. Sus células cerebrales funcionan rápidamente y se pueden producir nuevas sinapsis, muchas más de las necesarias. Las sinapsis que se utilizan con frecuencia se fortalecerán y se mantendrán. Las que no, desaparecerán. La parte frontal del cerebro está involucrada en las conductas orientadas hacia un objetivo, lo que significa que al desarrollarse correctamente, podrá desempeñar actividades un tanto más concretas como ir tras un objeto que llame su atención, jugar con una misma pelota durante un largo periodo de tiempo o entretenerse jugando con otros. Un aspecto importante del desarrollo temprano del niño consiste en aumentar las conexiones entre las neuronas de la parte frontal de su cerebro, particularmente del área llamada la corteza prefrontal. Estas conexiones comienzan a aumentar hacia el final del primer año y continuarán así hasta el final de la adolescencia. A la corteza prefrontal a veces se le llama el área de nuestras “funciones ejecutivas”, ya que participa en muchos comportamientos orientados a un objetivo, como las actividades de organización, planificación, resolución de problemas y la evaluación de nuestros propios comportamientos. Los niños muestran signos de que comienza la función ejecutiva cuando poco a poco intentan armar un rompecabezas. Las conexiones entre neuronas al principio son algo débiles y se van reforzando cada vez que se utilizan. Cuando un niño comienza a observar su entorno irá notando que existen cosas que siempre van a ir juntas, como un vaso con su jugo preferido, y esto lo comprobará cada que vea un vaso con líquido. También podrá ir desarrollando estas conexiones mediante el proceso de repetición, el cual se va dando mediante su propia experiencia; notará que puede utilizar sus manos para agarrar objetos y si se encuentran lejos tratará de estirarse una y otra vez hasta que lo logre sin ayuda. Así la próxima ocasión que vea algo que le agrade no dudará en moverse de forma segura hasta conseguirlo. En el primer año de vida es donde adquirirá la mayor parte de inteligencia emocional, lo que significa que en esta etapa sus lazos tendrán que ser fortalecidos, pues aprenderá de ti cada una de las repuestas que irá teniendo a lo largo de su desarrollo. Con el tiempo, los juegos fueron cambiando. El desarrollo de la tecnología y la facilidad de acceso a la misma por parte de una gran mayoría de la población, también influyen en el día a día de los niños y en el desarrollo del crecimiento y del cerebro de los niños desde temprana edad. Así por ejemplo, la idea que habitualmente se ha tenido respecto a los robots, al menos en el ámbito de plantearlo como un regalo para niños, ha sido la de un juguete tecnológico para entretenerse. Pero por suerte, esa idea hay que desterrarla ya. Hoy en día, el mercado nos da una buena cantidad de juguetes robóticos que aportan más en el ámbito educativo, en el desarrollo de aptitudes, de la curiosidad y del potencial de los niños desde bebé. De más grandes les ayudan a aprender a programar. Y así hay una gran opción de modelos de robots para niños según la edad. Cuando hablamos de tecnología, hoy en día ya la edad no es una barrera para el mundo de los robots. Hasta los juguetes que pueden parecer más “inofensivos” a nivel educativo sorprenden por las posibilidades que abren con los más pequeños de la casa. Hasta los 5 años de los niños, el modelo recomendado por los especialistas ya a partir de 3 años, es la Codi-oruga de Fisher Price. Sin querer hacer publicidad, es solo una forma de explicar la idea del robot educativo que incluye módulos de acciones y movimientos, que se conectan físicamente (por ello es un robot adecuado para los niños que todavía no saben leer) para indicar a la oruga-robot qué movimientos o acciones debe realizar de forma ordenada según le haya indicado el niño. Personalmente me parece una excelente idea para los niños que demuestran signos de TEA (trastornos del espectro autista) ya que les podría ayudar en la comunicación no verbal y el desarrollo de las distintas formas de comunicación con el entorno. Luego existen robots centrados más en la velocidad, giros y piruetas que se pueden hacer con él mediante una conexión bluetooth con un smartphone y tienen un modelo más enfocado en aprender programación (de los creadores de la Sphero 2.0 y la evolución de la misma llamada Ollie). Aunque tanto la bola Sphero como el robot Ollie incluyen una serie de aplicaciones para comenzar a conocer el mundo de los robots, que se complementa con dos aplicaciones de programación muy sencillas de usar y que son ya usadas en algunos centros educativos de EEUU, el nuevo modelo es mucho más recomendable por venir con diseño transparente que permite ver (y aprender) de su interior, pero sobre todo por su aplicación para programar mediante bloques o crear rutas personalizadas para moverse. Una de las soluciones de robótica para niños más completa del mercado es Dash. Lo mejor de este modelo es su resistencia y las posibilidades que ofrece para ir evolucionando en complejidad de uso con la edad de los niños. Se pueden empezar a controlar a distancia como un juguete más pero también se puede iniciar a los más pequeños con programación de bloques. Si optamos por las aplicaciones, con edades recomendadas a partir de 4 años, ahí ya entran en juego los accesorios. Desde una montura para colocar un smartphone y grabar vídeo con él, a un xilófono que podremos controlar desde la aplicación correspondiente. Un robot de apariencia más clásica, con sus luces y sonidos, pero destinado a que los niños (y hablamos en genérico, ok? niños/niñas, nada de “niñes”, por favor…) a partir de 4 años comiencen a integrar elementos de la programación lógica y por bloques gracias a un sistema de cartas, instrucciones y botones en el robot para que ejecuten las instrucciones que los más pequeños le indican. También para los más pequeños, tenemos robots que permiten escalar el grado de dificultad del aprendizaje a realizar, partiendo de un juguete con controles físicos que nos dejan la programación direccional sin ningún elemento extra, pero que también acepta la programación desde una aplicación o el ordenador con una simulación más compleja. Y si piensas que este pequeño insecto no permite infinidad de actividades relacionadas no solo con la programación sino con la lengua, las matemáticas o incluso la creatividad artística (se puede proponer crear una “funda” o disfraz para el robot), toma nota porque en la red podemos encontrar verdaderas maravillas. Y así… a medida que la edad de los niños avanza, avanzan la tecnología y las posibilidades de apoyar el aprendizaje de los niños, con los robots.

Sobre el autor

Rasic, Emilio

Rasic, Emilio

Soy un profesional de la Informática, co-fundador de los talleres educativos para que niños y adolescentes se adentren en el mundo de la ROBÓTICA, siempre través del juego, dándoles conocimientos de una manera simple y práctica.